martes, 12 de mayo de 2015

Zamarrillas, una ruina histórica propiedad de Nicolás de Ovando


                 A veces a los periódicos hay que darle otro repaso para encontrar noticias interesantes para uno. Eso me ocurrió ayer con “El Periódico de Extremadura “, que recibo diariamente en mi ordenador y que puedo ver en mi teléfono móvil, como cualquier hijo de vecino. Ayer la periodista Lola Luceño Barrantes sacaba una amplia información sobre el desplome de la fachada de la iglesia de Zamarrillas, un despoblado cacereño entre Torreorgaz  y el Pantano de Valdesalor, abandonado desde el siglo XVIII. Leo la noticia, que transcribo íntegramente a continuación, y veo que hay algo que no sabía y que tiene relación con Brozas. Se trata que esta finca de Zamarrilas , de igual nombre que la ilustre cofradía malagueña de Semana Santa, fue propiedad del brocense Nicolás de Ovando.  Esto lo cuenta el cronista oficial de Trujillo, mi buen amigo  José Antonio Ramos Rubio, con el que hablé ayer para ampliar la información, con fotos de Oscar de San Macario, al que conocí de visita fotográfica por Brozas, y que hoy es miembro de la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo de Extremadura, que tuve el honor de fundar hace ya más de 20 años. Y les dejo que lean la noticia íntegra.

 

 

Entre Valdesalor y Torreorgaz, a mediodía de la villa de Cáceres, a dos leguas según las crónicas, se alza una aldea bajomedieval abandonada hace tres siglos que mantiene su porte nobiliario en medio de los Llanos. Zamarrillas, un bello caserío levantado en mampostería y piedra granítica, mantiene todavía su palacio, media docena de casas, sus escudos, sus cuadras y pajares. Pero la iglesia o ermita de Nuestra Señora de la Esclarecida acaba de perder su fachada, derrumbada sobre el atrio porticado. Así lo han constatado los historiadores José Antonio Ramos Rubio y Oscar de San Macario durante la última visita a este arrabal, desconocido por muchos, que supone un auténtico espejo de la historia.


El templo, de traza románica, ha sido utilizado durante años para los usos del campo. Un viejo tractor permanecía en su interior al menos hasta hace pocos días. La talla de Nuestra Señora de la Esclarecida ya fue trasladada en tiempos a la iglesia de Santiago de Cáceres para salvaguardarla. Junto al ábside pentagonal se situaba el cementerio, porque Zamarrillas tuvo incluso camposanto. El templo da acceso a la aldea por una vía ancha empedrada que antaño facilitaba la entrada de los carruajes. Pero todo se está perdiendo. De hecho, el castillo de los Durán de la Rocha, sobre el altozano de Zamarrillas, lleva mucho tiempo en ruinas, y el resto de las edificaciones resisten como pueden.
 
 

Los historiadores han dado la voz de alarma en diversas ocasiones sobre el estado de este caserío, uno de los muchos que surgieron en los siglos XIII y XIV por la repoblación de las tierras cacereñas tras la Reconquista, para su aprovechamiento agroganadero y por la necesidad de proteger el espacio de las incursiones de los rebaños mesteños que llegaban desde el Reino de León. Sin embargo, pese a la inquietud de muchos especialistas y amantes de la historia, Zamarrillas sigue sin protección al ser de propiedad privada. Solo algunas familias poseen sus casas y campos, lo que dificulta la conservación del poblado, donde la hierba lo cubre todo, las paredes ceden y los tejados se vienen abajo.

"En suma, un complejo arquitectónico de iglesia, palacio, casa-fuerte, escudos, pajares, cuadras, tinados y otras edificaciones robustas en peligro de desaparecer", explican José Antonio Ramos Rubio y Oscar de San Macario, quienes publicaron el año pasado un exhaustivo libro en el que recogen un centenar de ermitas y edificios castrenses en mal estado de conservación. Este trabajo ha servido para que la Administración se preocupe por el deterioro de algunos recintos y acometa los trámites para la restauración de algunos de ellos, según explican los investigadores. Sin embargo, Zamarrillas está en manos privadas y su destino es aún más incierto.

¿Pero cómo surgió esta aldea? Hay que remontarse a los tiempos en que la villa de Cáceres fue reconquistada en 1229 por las tropas de Alfonso IX y se le dotó de un amplísimo término municipal. Sus terrenos, desde las vegas de los ríos Tamuja y Almonte al norte, hasta las estribaciones de las Sierras de San Pedro al sur, se destinaron sobre todo a la ganadería, a las reses de los nuevos habitantes, repobladores y colonos, y de los nobles de Castilla que ocuparon esta comarca. "Los pastos y encinares propios de los campos cacereños comenzaron a dividirse en adehesamientos --dehesas-- trazados por mandatarios de Alfonso X El Sabio, y sus edificaciones empezaron a formar pequeños núcleos", relatan los historiadores.
 
 

De hecho, el término de Cáceres era tan extenso que se hacía necesaria la creación de estos poblados, "seguramente aprovechando en ocasiones antiguos asentamientos romanos y árabes", subrayan José Antonio Ramos y Oscar de San Macario. Zamarrillas, en plena llanura trujillano-cacereña (con acceso desde Valdesalor y Torreorgaz), contaba con unos 14 vecinos a principios del siglo XVII que en su mayoría trabajaban para los Ovando, "linaje cacereño que logró hacerse con la mayor parte de los terrenos que componían la heredad y que contó con castillo y casa fuerte", detallan.

Propiedad de Nicolás de Ovando

El poblado aparece en algunos documentos históricos. Por ejemplo Nicolás de Ovando, en testamento firmado en el año 1564, cita "las casas de campo, tierras y asiento y pastos que yo tengo en el heredamiento de Zamarrillas", fundando entonces mayorazgo en favor de su sobrino Hernando de Ovando Ulloa, que pasó a ser Primer Señor de Zamarrillas. De hecho, según explica Alfonso Callejo, otro investigador del poblado, a mediados del siglo XVI comenzó a haber en esta aldea propiedades importantes de la familia Ovando, posiblemente el castillo del altozano y con seguridad la casa-palacio. La familia Golfín también tuvo allí casas, y los escudos recuerdan la presencia de otros apellidos muy conocidos como Ulloa, Mogollón, Carvajal y Paredes.

El libro 'La Casa de Ovando', de José Miguel de Mayoralgo y Lodo, recoge todos los personajes que ostentaron el título de señores de Zamarrillas hasta el XIX. El poblado vivió incluso algunos fastos de la nobleza, entre ellos la boda de María Juana de Ovando y Cáceres con Gabriel Francisco Arias de Saavedra y Monroy en 1749, y la de Leonor de Ovando y Vera, octava señora de Zamarrillas, con Diego de Ovando Cáceres y Aguilar, en 1780. Al no tener descendencia se cortó la línea primogénita del conocido capitán Diego de Cáceres Ovando, paladín de los Reyes Católicos, y este señorío pasó a los Mayoralgo.

Pero Zamarrillas nunca creció de forma significativa, más bien comenzó a decaer por estar en manos solo de algunos nobles que acapararon las tierras, mientras los labriegos sobrevivían con jornales no garantizados. Existe un dato histórico que así lo revela: en 1595 los arrendamientos de Zamarrillas ascendían a 79.968 maravedíes, es decir, solo un 3,5% de la dehesa a la que pertenecía (la Zafra). Alfonso Callejo, que ha publicado un libro sobre el poblado, afirma que ya en el Libro de Yerbas de 1731 se le adjudica un partido de labranza de 793 fanegas, pero sin beneficio para los pobladores. Otro expediente de finales del siglo XVIII rescatado por Callejo lo deja muy claro: "Hay 22 vecinos y ningún noble (estaban ausentes). Uno solo es labrador, que cultiva tierras arrendadas, y los demás jornaleros. Carecen de todo: ni tienen ejido, ni partido, ni montes, arrendados a los que no son vecinos del pueblo".

Zamarrillas se fue despoblando poco a poco hasta que finalmente los franceses arrasaron la zona en la Guerra de la Independencia (siglo XVIII). Aunque por momentos alcanzó cierta prosperidad, nunca llegó a tener término municipal ni gobierno propio por tratarse de un heredamiento, lo que lastró su desarrollo, al contrario de las vecinas Torreorgaz y Torremocha.

Hace un siglo seguían en pie seis inmuebles según el Libro de Yerbas de 1909: Casa de los Muñoces, Casa Grande, Casa de las Roldanas, Casa de Merino, Casa Chica y casa de los porqueros. La imagen que presenta hoy la aldea es de triste decadencia. Algunas casas han sido reforzadas o parcheadas con chapas y uralitas para labores del campo. Existe una vía principal y una acequia que lleva el agua por el poblado. La construcción principal, que mantiene su empaque nobiliario, es el palacio o casa de los Muñoces con sus blasones esgrafiados y esculpidos. Puede apreciarse sobre el portal un escudo mal conservado con las armas de Ovando-Ulloa. En el lateral norte existe un blasón de granito bajo un alfiz datable en el siglo XVI con armas de Ovando, Ulloa, Mogollón y Carvajal, que dan fe de las familias dominantes de estas tierras. Tiene 13 habitaciones y dependencias para tinaos, cuadras y casas donde dormía el servicio. Fue habitada hasta hace unas décadas.

Subiendo el risco se llega al ruinoso castillo de los Durán de la Rocha. Es una construcción castrense de mampostería con sillares en las esquinas, obra de la segunda mitad del siglo XV y con posteriores añadidos en los siglos siguientes, según detallan José Antonio Ramos y Oscar de San Macario. Se conservan parte de los muros y el arranque de la torre del homenaje, habiendo desaparecido los escudos y esgrafiados cuyos restos se aprecian en algunas zonas del edificio.

Otros lugares con encanto situados en tierras cacereñas han corrido mejor suerte como las Arguijuelas, los Arenales o el castillo de las Seguras, con actividades hosteleras que les dan nueva vida. También ha habido proyectos de aprovechamiento turístico para Zamarrillas, pero la dificultad de poner de acuerdo a los distintos titulares ha dado al traste con las iniciativas.


Aldeas que desaparecieron

Tras la Reconquista surgieron aldeas al abrigo de las dehesas que se formaron en los campos cacereños. Algunas se perdieron por la peste, las crisis demográficas o el aislamiento: Alpotreque, Puebla de Castellanos, Casas del Ciego, Malgarrida, Borrico, Pardo y Borriquillo.

lunes, 13 de abril de 2015

Muere el cronista de Retamal de Llerena (Badajoz)



 
Mi compañero Diego Blázquez Yáñez, cronista de Retamal de Llerena,  ha fallecido en Las Rozas (Madrid) el pasado Sábado Santo. Diego Blázquez había nacido en 1932 en esta localidad pacense, en donde cursó sus estudios primarios. En Sevilla estudió Bachiller Superior y Examen de Estado, Humanidades (latín y griego) durante cinco años lo hizo en Sevilla, aunque estudió Filosofía y Teología, en San Atón en Badajoz capital.

En la Universidad Complutense de Madrid obtuvo las licenciaturas en: Derecho, Psicología, Ciencias de la Información (especialidad Periodismo). Así mismo, obtuvo el Master en Periodismo Profesional por la Complutense y ABC, así como el doctorado en Periodismo. También obtuvo la Diplomatura en Diseño y Edición Electrónica.

En la Universidad Autónoma de Madrid fue cofundador, junto al profesor don José Hilario Solas García, doctor en Humanidades Contemporáneas, de Cursos de Humanidades a los que asistió doña Sofía como princesa y posteriormente como Reina. En Salamanca consiguió los doctorados en Teología (Univ. Pontificia) y en Filología Clásica.

Como periodista, fue colaborador de los periódicos: HOY, Extremadura, Pueblo Extremeño, YA, Ideal, ABC, Información de Madrid, Alfa y Omega, Familia Cristiana, Vida Nueva, Alminar, Ecclesia.

Fundador de la revista “Aquí y ahora”, en Madrid.  Y fundador y presidente de la Fundación dela Fuente. Asistentes a varios congresos der escritores y en los Coloquios Históricos de Extremadura. Fue capellán del Hospital de la Princesa, en Madrid y también del Hogar extremeño de Madrid, que le rindió un multitudinario homenaje en 2010.

Autor de obras como “Asesinato del primer obispo de Madrid Alcalá”, “El Cura Mora, liberal y cismático, en la Alta Extremadura”,   “Historia de la presan placentina” (dos tomos), “Apuntes para una historia placentina”, “Tono y volumen a la buena noticia”, “La solidaridad está en crisis”.
 

 

lunes, 2 de marzo de 2015

La Gran Armada Colonizadora de Nicolás de Ovando



  

Recientemente se ha presentado en la casa palacio de “La Concordia”, de la villa de Las Brozas, el libro “La Gran Armada Colonizadora de Nicolás de Ovando”, editado por la Academia Dominicana de la Historia. En el acto estuvo presente su autor, el doctor en Historia de América, Esteban Mira Caballos, acompañado del vicecónsul de la República Dominicana en España, autor del prólogo, Genaro Rodríguez Morel y académico de la Historia; el presidente de la Fundación “Obra Pía de los Pizarro”, Hernando de Orellana-Pizarro, y un servidor como cronista oficial de la Villa de Las Brozas y fundador de las Jornadas Históricas dedicadas a Nicolás de Ovando. Dio la bienvenida a la mesa el primer teniente de alcalde, Antonio Moreno, por ausencia del alcalde, Leonardo Rodríguez, quien se acercó al centro cultural a saludar al autor del libro.

En su intervención, el autor del libro dijo que había decidido estudiar la gran armada de Nicolás de Ovando porque de continuo se repetía en la historia de que fue a América con 32 navíos y 2.500 personas, cifra que en su día facilitó Bartolomé de las Casas, pero que no se consideraba exacta. Mira Caballos habló de que se había perdido, después de 1925, del Archivo General de Indias, en Sevilla, el libro de la Armada, donde se registraban los nombres y procedencia de todas las personas que se embarcaron en estos navíos. Tras estudiar detenidamente otras fuentes secundarias, el investigador pudo localizar a 476 personas con nombres, apellidos y procedencia para listar esa leva de hombres hacia el Nuevo Mundo, considerando que la cifra no debió pasar de los 1.200 ó 1.500 entre pasajeros y tripulantes.

Por su parte, el cónsul de la República Dominicana, Genaro Rodríguez, habló de que Ovando es más conocido en su país que en la propia España, pues se considera uno de los fundadores de la nación, el que puso las bases para pasar de ser una colonia a la base del imperio español en América. Debido a que Mira Caballos es hoy por hoy una de las personas que mejor conocen los comienzos de la colonia, sugirió que la Academia de la Historia editara el libro, pues conforma parte de la fundación de su país.

            A su vez, el presidente de la Obra Pía de los Pizarro dijo que el papel de su Fundación es apoyar todos los estudios que tengan que ver con América y si tiene alguna relación con Pizarro aún más. De hecho Francisco Pizarro fue una de las personas que viajó a Santo Domingo antes de triunfa en otras zonas del nuevo continente.

            Mi intervención de dos folios y medio se puede concretar en una serie de sugerencias para un mejor conocimiento de la figura de Nicolás de Ovando, como es hacer efectivo el hermanamiento de Brozas con Santo Domingo, la ciudad que mandó levantar el gobernador y crear el Museo Nicolás de  Ovando en lo que fuera el palacio donde nació, el palacio de los Flores, conocido en Brozas como las Escuelas Nuevas.

            Por cierto, el grupo visitó posteriormente este lugar, además de la iglesia de Santa María y la casa palacio de Francisco de Lizaur, en la calle del mismo nombre. Francisco de Lizaur salió de Sevilla el domingo 13 de febrero de 1502 con 25 años y fue el secretario de Nicolás de Ovando, del que era familiar  

jueves, 19 de febrero de 2015

Presentación del libro La Gran Armada colonizadora de Nicolás de Ovando


 

Mi amigo Esteban Mira Caballo me invitó hace semanas a ser uno de los presentadores de su nuevo libro “La Gran Armada colonizadora de Nicolás de Ovando 1501 – 1502”.  El acto será el sábado 28 de febrero a las doce del mediodía en el Centro Cultural “La Concordia”, en la calle de El Brocense, número 8, de nuestro pueblo.

         Presidirá el alcalde de la villa, Leonardo Rodríguez y acompañaremos al autor además de un servidor;  el doctor Genaro Rodríguez, vicecónsul de Santo Domingo en España, doctor en Historia de América y Académico de Número de la Dominicana de la Historia, y Hernando de Orellana, presidente de la Fundación de los Pizarro.

         Todo esto viene de unos años atrás. En su día – el año 2009- quise que el Centro de Estudios Extremeños dedicase un estudio monográfico a la figura señera de Nicolás de Ovando para conmemorar el V Centenario de su salida de la isla de la Hispaniola (actualmente República Dominicana y Haití) dejando el puesto de gobernador para entregárselo a Diego Colón, hijo del descubridor de América.  Me puse en contacto con varios estudiosos de la figura de nuestro paisano Nicolás de Ovando, entre ellos Esteban Mira Caballos, que siempre había acudido a mis llamadas durante las Jornadas Históricas de Las Brozas para realzar la figura del primer “emigrante” extremeño a  las Américas, como fue Nicolás. Debido a la crisis económica, el libro no fue editado, pero si se amplía ahora en un tema monográfico como es el de la “Gran Armada”.

miércoles, 21 de enero de 2015

Ha muerto mi amigo Fernando Serrano Mangas

 
 

                Ha muerto Fernando Serrano Mangas, historiador de América. Ha sido una persona dedicada a la Historia de América. Le conocí en las jornadas de historia en Valencia de las Torres (Badajoz) y por nuestra buena amistad le traje para abrir con una magna conferencia a las Jornadas de Historia de Las Brozas “Nicolás de Ovando”, que un servidor tuvo a bien organizar. Nos habló de lo que más quería: El comercio marítimo con las  Indias.

                Ha sido un mazazo para mí el conocer la noticia, que me ha pasado mi paisano Isaac Pérez Lopo, a quien le otorgué una beca para que asistiera al curso que sobre el mundo judío y el turismo impartí hace años en Barcarrota (Badajoz) y que dirigió mi buen amigo Fernando como profesor de la Universidad de Extremadura. De estas jornadas tengo un buen recuerdo, ya que la Biblioteca Regional de Extremadura expuso exclusivamente para los profesores y alumnos la magnífica colección de libros conocidos como “La Biblioteca de Barcarrota”, libros prohibidos del siglo XVI que se encontraron empotrados en una casa de esta localidad pacense.

                Durante esta exposición privada tuve el gusto de poder tocar con mis manos algunos de estos libros, incluso la Editora Regional tuvo a bien regalarme un facsímil del libro “El Lazarillo de Tormes, edición de 1554, una de las joyas de la citada Biblioteca de Barcarrota y que fue muy bien estudiada por Fernando.

                Dada nuestra amistad, él me facilitó una de las obras más interesantes que poseo en mi pequeña biblioteca de bibliófilo, no en  balde soy miembro de la Unión de Bibliófilos de Extremadura, habiendo pertenecido a su junta directiva. Aquí el artículo que publiqué:

Una Minerva del siglo XVII

Hacia la mitad de cada año me suelo hacer un regalo por mi cumpleaños. Este 2011 ha sido muy bueno: Una “Minerva” de El Brocense publicada en el siglo XVII. Un buen amigo mío, historiador, Fernando Serrano Mangas, enterado de estos temas me ha conseguido esta obra a un buen precio, alto como corresponde a un libro de estas características. Sin embargo, el valor de un bibliófilo de poseer el libro más importante del escritor de Las Brozas es más apasionante que el precio.

La primera edición de “La Minerva” se editó en 1587 en Salamanca. Dado el éxito de esta gramática `publicada en latín, y su forma pedagógica de enseñar, el libro se publicó en numerosas ciudades europeas. Gramáticos como el suizo Ferdinand de Saussure, en el siglo XIX, y el norteamericano de la Escuela de Masachussets, Noam Chomsky, en el siglo XXI, creador de la gramática generativa, estudian y siguen en parte las teorías gramaticales de mi paisano El Brocense.

Pero el bibliófilo no sólo mira el contenido de la obra, sino también ama el objeto, la pieza en sí misma. El libro que acabo de adquirir está en muy bien estado a pesar de que saliera de la imprenta hace ya 324 años. Mide 17 x 10 centímetros y cuenta de 650 páginas más 51 dedicadas a la gramática latina.

En la primera página se puede leer: Francisci Sanctii. MINERVA. MDCLXXXVII. Y una anécdota: me cuentan que una persona que vio el libro dijo que era una obra que pertenecía a San Francisco. Sin duda alguna, puedo decir bien alto que me siento muy orgulloso de esta nueva adquisición para mi pequeña biblioteca de bibliófilo.

 

                La última vez que hablé con él fue el mismo día que concluyó el congreso nacional de Cronistas Oficiales que tuve el gusto de que se celebrara en la ciudad de Cáceres, en octubre de 2013. Fue una conversación amena y distendida en los salones del hotel Palacio de Oquendo. Eso me dejó un buen recuerdo de Fernando.

martes, 30 de diciembre de 2014

Brozas, un pueblo poco participativo


AUNQUE FALTAN LAS FOTOS Y LOS VIDEOS, PREFIERO SUBIR YA LA CRÓNICA

 

            Todos queremos a nuestro pueblo. Queremos lo mejor para su gente. Nadie puede dudar de eso. Y precisamente porque lo quiero mucho, lo critico. Nadie puede decir que no conozca sus virtudes y sus defectos y uno de ellos – sino el que más- es la escasa participación de sus ciudadanos en las actividades que se organizan, cuando no las critican abiertamente. Es verdad que todo no nos puede gustar a todos, pero de ahí a la desidia y a la crítica negativa, hay un abismo, especialmente cuando la persona que critica o hace poco o no hace nada.

            Y todo esto viene a cuento del excelente Concierto de Navidad que la coral polifónica “Hilario Moreno”, dirigida por el maestro Epifanio Salgado Castro, programó el pasado sábado 27 de diciembre, a las ocho de la tarde, en la iglesia de los Santos Mártires. Todo ello presidido por el misterio del nacimiento del Niño Dios, que la coral había comprado por unos 1.000 euros, cuando su precio real eran 1.200. Además en la negociación se sacó, como regalo, una casulla para decir la misa el sacerdote. ¡Un precioso portal de belén de gran tamaño!

            El programa, de nueve villancicos se abrió con el “Benedicat vobis”, de Georg Friedrich Haendel y se cerró con el popular villancico castellano “Ya vienen los Reyes”, que tuve oportunidad de grabar,  cuando los cantantes estaban ensayando minutos antes de la actuación, como también grabé el “Adeste Fideles”. Al público, muy escaso y muy respetuoso, le encanto tanto el concierto que procuró un bis.

            La verdad es que la coral da pena. Ellos mismos se tienen lástima. Un grupo precioso de unas cincuenta personas se ha quedado reducido a sólo catorce, de ellas cuatro voces masculinas. Aquella coral que era la delicia y el orgullo de Brozas, se ha visto disminuida por roces y por maledicencias. Sencillamente, no me gusta.

            Quiero elogiar aquí la buena disposición de los componentes de la coral que, con su nuevo director al frente, Epifanio Salgado, ha sabido trabajar duramente y dar lo mejor de sí. Pocas voces, es verdad, pero desde aquí animo a los antiguos miembros de la coral a volver a integrarse en ella y a otras personas a acudir a los conciertos. Entre todos, hemos de ofrecer lo mejor que tenemos, en beneficio de una causa cultural común.