domingo, 21 de octubre de 2018

Hoy hace 50 años que soy periodista






         Mi vida se mueve desde hace 50 años alrededor del periodismo, principalmente hablado, aunque también radiofónico y últimamente en medios digitales.



         Todo ocurrió un día del Domund de 1968, la jornada dedicada por la Iglesia a las misiones. Un día como hoy, los jóvenes de la villa cacereña de Las Brozas realizamos una interpretación teatral en el cine-teatro de Cachucha, oficialmente conocido como Cine López, y en él trabajamos, por sugerencia del párroco de los Santos Mártires, don Constantino Calvo y Delgado, (calvo, sí; pero delgado, no), una excelente persona que puso un cine “La Unión” para sacar dinero para ampliar el edificio religioso que era una ermita y desde los Reyes Católicos quería ser todo un templo, cosa que a fe que lo logró.


         Pues bien, tras la actuación de los jóvenes brocenses redacté una crónica que envié a la edición de Cáceres del periódico regional “Hoy”. Tuve la suerte de que me la publicaran y al recibir el ejemplar la recorté y la puse en mi cartera de muchacho de 15 años. ¡La enseñaba a todo “quisqui”! Y venía en letras mayúsculas mi nombre FRANCISCO RIVERO y debajo una media columna del rotativo. Fue mi comienzo. En cuanto encuentre esta crónica me prometo enmarcarla.


         Después vendrían otras noticias, como cuando di en Radio Popular de Cáceres, hoy la cadena COPE, sobre un cementerio del siglo XVIII que se había descubierto en la villa por unos trabajadores en una obra, concretamente en lo que hoy se llama Travesía de Gabriel y Galán detrás de la Plaza Nueva y que en mis tiempos jóvenes era la Calleja de los Muertos, donde se encontraba un antiguo cementerio.


         Fueron mis comienzos. Con el tiempo entrevisté en Cáceres al grupo de Fórmula V y también al cantante Michel, de los Bravos, cuando eran los números uno con su “Black is black”, y con el tiempo a en Mallorca, entre otras muchas personalidades, al poeta Rafael Alberti, al escritor argentino Jorge Luis Borges, en 1980, o una exclusiva del Premio Nobel de Literatura. el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, cuando su viuda me trajo desde París un poema inédito o, también, a un hombre que pisó la Luna, pero esto ya… es otra historia.

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