Mi lista de blogs

sábado, 23 de marzo de 2013

Chico Cabrera, el bandolero de Brozas.

               Todo el mundo sabe que en Brozas hubo a finales del siglo XIX y primeros años del XX un conocido bandolero que se llamaba Bernardo Abujeta Becerra, pero que era más conocido como “Chico Cabrera”. Se da la circunstancia que alguno de sus descendientes más que delincuente fue policía nacional y trabajó en la comisaría de Fuenlabrada (Madrid).

               Mi amigo Luis Martínez Terrón, escritor y subteniente de la Guardia Civil, escribió con el pseudónimo MAR.TE en la revista “Mando” de la Guardia Civil, publicada en septiembre de 1995 en Barcelona un trabajo titulado “Chico Cabrera, un bandolero solitario”, (que me envió por correo en enero de 2010) y del que hago un extracto para este pequeño artículo, aunque hay que recalcar que un servidor ya tiene publicado otro trabajo más extenso sobre Chico Cabrera en un número de la revista “Aldehuela”.

               Dice Martínez Terrón que Bernardo Abujeta nació el 21 de agosto de 1870 en el seno de una familia brocense de clase humilde. Fue jornalero, pero era una tarea que no le gustaba, tildado de holgazán, aunque con carácter jovial y campechano.

               Según el escritor cacereño Juan Luis Cordero (1882 - 1955), que llegó a conocer personalmente a Chico Cabrera escribió de él que “era  un mozo de poca talla, jovial, recio, gallardo y bravucón, con trazas de merchán y fama de pendenciero en 60 leguas a la redonda. Y aunque no se le conocían delitos de sangre, nada ni nadie le impedía tirar de la navaja si alguien invadía su terreno”.

               Y Juan Luis Cordero retrata en un largo romance al bandolero:

¡Tú, ventero, a los de dentro,

dales lo mejor que tengas

pollo, jamón, longaniza

y vino del de la cepa

de las viñas del Arroyo

que paga el “Chico Cabrera”!

               Y Chico Cabrera recorre en solitario durante años las grandes dehesas de la Sierra de San Pedro. Conoce todas las trochas y veredas, así como las ventas que salpican la campiña y se alzan junto a los caminos reales. Entra y sale de su pueblo cuantas veces lo cree necesario y se dedica al contrabando de caballerías. Conoce a la perfección la frontera de Alcántara, Piedras Albas o Zarza la Mayor. Sabe que de su movilidad depende su salvación, pues la Guardia Civil le seguía la pista. En cierta ocasión estuvo a punto de ser capturado en la finca “Rincón de Araya”, donde tenía una cueva  que le servía de refugio. Aunque fue denunciado por un campesino a la fuerza pública, el bandolereo logró escaparse por una salida secreta que tenía la gruta.

               A mediados de 1897 cuenta Juan Luis Cordero en su libro “Cosas de la vida” que  la Guardia Civil estuvo a punto de apresarle por la denuncia de un joven pastor. Chico Cabrera se escapó en su jaca con  un ardiz: La había herrado poniendo las herraduras al revés y dejando con ello huellas falsas. Con el tiempo castigó al pastor, por la Fuente de los Tomillares,  haciéndole comer y beber casi a reventar por la denuncia que le había hecho.

               A sus 45 años, Chico Cabrera mantenía una relación adúltera con la mujer de un molinero que tenía sus molinos por el río Salor, cerca de Herreruela. El molinero que llegaba de Brozas de llevar unas sacas de harina vio la jaca del bandolero a la puerta del molino y decidió dar media vuelta y denunciarle a la autoridad. La Guardia Civil salió hacia el molino, cuyos restos pude ver en su día llevado hasta allí por un vecino de Brozas. La pareja de la Benemérita le dijo que saliera con las manos en alto. Chico Cabrera intentó defenderse y de un certero disparo, la Guardia Civil le hirió en la zona del Salor denominada “Charco del Puente”, donde se arrojó Bernardo Abujeta herido de muerte.

Y así terminó la historia de este bandolero que no tuvo manchadas las manos de sangre pero cuya vida se convirtió durante décadas en una leyenda en esta región del oeste de la provincia cacereña. En la foto, la cueva de Chico Cabrera en el río Salor

sábado, 16 de marzo de 2013

Brozas, en "Volver a Extremadura"

 
            Esta semana mi amigo Alejandro García Galán, mi ahijado como cronista oficial de Peñalsordo (Badajoz) y presidente de honor de la Asociación Cultural “Beturia”, se ha presentado en mi despacho con un nuevo libro. Se trata de “Volver a Extremadura”, de  José María Peña Vázquez, quien ha recorrido de norte a sur la región extremeña para seguir al pie de la letra el camino que recorrió en su día Antonio Ponz (Castellón 1725, Madrid 1792) en su “Viage de España”, que publicó en 18 volúmenes, del que el octavo lo dedicó por completo a nuestra comunidad autónoma.
             José María Peña Vázquez nació en1939 en Llerena y es funcionario, alcanzando el nivel de subdirector general en diversos ministerios. Ha publicado monografías profesionales y también microrrelatos y poemas. En el libro de Peña hay doce capítulos y el noveno está dedicado a “De Alcántara a Cáceres”, pasando por Villa del Rey, Brozas y Arroyo de la Luz”.
            En este capítulo Peña Vázquez escribe: “Brozas es silencio encantado cuando la recorro, primero. Redonociendo su amplísimo  trazado desde el coche, luego a pie que es cuando el silencio se vuelve más espeso con el retumbar de los pasos que espantan el trajín sonoro de los pájaros”.
 
            En su crónica de tres páginas y media, el autor  describe “las limpias campanadas desde la iglesia devuelven al aire la solemnidad que recorre la soledad de las pulcras calles”.
 
            Habla de lo que costaban los churros  16 y 20 pesetas (los regordos) IVA incluido. Cuenta la lápida del médico benefactor y “en la recogida  plaza de Ovando, uno se contenta por la disposición de dos instituciones a favor de los mayores: el “Hogar club” y los “Pisos tutelados”. Tras la visita al castillo-palacio, el viajero concluye su visita en el mercadillo que… “rompe el silencioso callejero”.
 
         El silencio de este capítulo me recuerda al artículo que escribió mi profesor de Lengua Española y director de la Real Academia Española, don Manuel Alvar, para un libro que hace años tuve el honor de coordinar sobre la ciudad de Cáceres, de la que decía que era la Ciudad del Silencio.
 
 

jueves, 14 de marzo de 2013

Mapa de Brozas de 1796



Hoy me acaba de llegar al despacho la revista "Aldehuela" donde publico un artículo sobre un mapa que hallé en la Biblioteca Nacional sobre nuestro pueblo de la villa de Las Brozas" y del que hagoun brevísimo resumen:


En esta ocasión he tenido el placer y la emoción de tener entre mis manos durante varias horas un mapa de 1796 realizado por don Tomás López, geógrafo de Su Majestad.

En una hoja hecha como si fuera el actual papel verjurado, papel tamaño DIN A3 (más o menos un doble folio unido) está el mapa coloreado con los ríos en verde y en el centro de la rosa de los vientos la villa de “Brozas… “de Alcántara en la provincia de Extremadura”. En el ángulo superior izquierda se puede leer: “Brozas, el Alcalde Mayor”- El mapa tiene tantas dobleces que parece haber sido guardado en una cartera de mano. El centro del mapa está gastado debido al continuo roce, por eso faltan algunas letras después de la palabra Brozas.

domingo, 10 de marzo de 2013

Casimiro Ortas, en el Teatro de la Comedia

Hasta hoy domingo se celebraba en la estación de Chamartín de Madrid la I Feria Vintage de Moda. Numerosas personas interesadas por la ropa de otras décadas la hemos visitado. Había ropa de mujer y también de hombre, así como otros objetos, tales como varios números de la revista Blanco y Negro. Curioseé varios de ellos y me encontré uno del 16 de octubre de 1926 en la que se hacía una pequeña reseña de la obra que  nuestro paisano Casimiro Ortas interpretaba en el Teatro de la Comedia. Reseñaba la obra “Mi casa”, un juguete cómico de Antonio Paso (hijo)  y Antonio Estremera y Trago.

            “Mi casa” es una comedieta en tres actos y fue editada en rústica por la Sociedad de Autores Españoles en 1926.

            En la sección de “Actualidades teatrales, que escribía  Rodolfo de Salazar, Blanco y Negro reseñaban que “en el juguete cómico “Mi casa”, en el que hay gracia e ingenio en el diálogo, -“una cadeneta de chistes de todo género”, según frase de un crítico-y situaciones de excelente comicidad, las cuales supieron aprovechar Eloísa Muro, siempre buena actriz; Casimiro Ortas, graciosísimo en un boticario pintoresco, y Antoñito Riquelme, acertado en un tipo de caricatura”.