Fernando Ónega y Raúl del Pozo
Estos
días han desaparecido dos grandes del periodismo español: Fernado Ónega y Raúl
del Pozo. A ambos los he conocido como ciudadano, sabiendo de su buen hacer
profesional y teniendo con ellos dos sendas anécdotas de apenas un contacto
entre compañeros.
Hace
unos 20 años, pues era por entonces presidente del Gobierno de Galicia Manuel
Fraga Iribarne, fui invitado por la Asociación de Periodistas del Camino de Santiago
(APSC) a un encuentro para tratar este tema desde el punto de vista
informativo. La propia entidad profesional se describe como una asociación sin
ánimo de lucro que, desde su nacimiento el 5 de diciembre de 1945, defiende y
promueve los valores y libertades de la información y los derechos y deberes de
los profesionales del periodismo.
En
ese encuentro se hallaba entre los ponentes Fernando Ónega que trató muy bien,
como gallego que era, el tema del Camino de Santiago, Hablamos y desayunamos
juntos. Le pregunté si volvía a Madrid y como, buen gallego, me quedé con saber
si venía o se quedaba en Galicia. Todo un depende...
Al
volver a Madrid en avión me encuentro en los asientos de turistas, al
presidente de Galicia Fraga Iribarne; le saludo y le digo porqué me encontraba
en su tierra. Su respuesta fue breve: Ya sé que los periodistas habéis estado
celebrando ese encuentro del Camino de Santiago. ¡Lo sabía todo!
Con
el tiempo, un servidor es desde el pasado mes julio Caballero de la Orden del Camino
de Santiago, con el número 1.666, y desde hace unos pocos meses Comendador de la
Orden en Extremadura, mi región natal.
Con
Ónega me une además la Real Academia Europea de Doctores, del que un servidor
es miembro electo y tomaré posesión como Académico de Número el 20 de mayo de
2026 en el Paraninfo de la Universidad Central (hoy Universidad Complutense de
Madrid), en la calle San Bernardo, el mismo lugar en el que Fernando fue
nombrado académico de honor… Nunca mejor dicho: todo un honor para mí.
En
el día de hoy he estado en el Paraninfo de la Universidad Centra y he tenido el
placer de recordar mis tiempos universitarios, pues lo que es hoy el Conservatorio
de Música de la calle Amaniel, número 2, junto al Instituto Cardenal Cisneros, fue
mi colegio mayor universitario “José Miguel Guitarte” donde pasé tres años de
mi vida y del que fui Medalla de Plata, antes de marcharme en febrero de 1976 a
trabajar a Mallorca En ese patio se encuentra el, árbol más viejo de Madrid,
una preciosa encina.
Y
para completar mi alegría en la sala del Paraninfo se encuentra el hijo más
ilustre de la villa de Las Brozas (Cáceres), del que tengo el honor de ser su cronista
oficial, el gramático Francisco Sánchez, El Brocense (Las Brozas, 1523 - Salamanca,
1601). El Brocense está junto a otro hijo ilustre extremeño, el teólogo Benito
Arias Montano (Fregenal de la Sierra, 1527 Sevilla, 1598), autor de la Biblia
Políglota de Amberes Y otras muchas personalidades de la cultura española, como
el cardenal Cisneros, fundador de la Universidad de Alcalá de Henares, o el
escritor Lope de Vega...
Y
no quiero dejar de mencionar a ese gran periodista, aun de cuerpo presente en la
Casa de la Villa de Madrid antiguo Ayuntamiento, mientras escribo estas líneas.
Raúl al que he leído con mucha frecuencia por su buen hacer profesional y su
independencia. Le encantaban el vino y las mujeres… que son obras del Señor, en
palabras de Manolo Escobar.
La
anécdota con Raúl del Pozo es sencilla: En un acto al que acudí, hace años, al Palacio
de El Pardo, donde vivió Francisco Franco, poro ya en tiempos del Rey Juan
Carlos. Éste presidía un acto al que acudimos numerosas personas, entre ellos
Raúl del Pozo. Al salir, me vio que yo iba en mi coche y me pidió si podía llevarle
a Madrid, cosa que hice con sumo gusto por atender a un gran maestro del
periodismo.
Y
como decía él en sus artículos o en sus intervenciones con Carlos Alsina en Onda
Cero: “¡Y viva el vino!”





