miércoles, 27 de diciembre de 2023

Volver a Extremadura pasando por Brozas

 



 

            Estos días navideños uno ha repasado un libro de su biblioteca titulado “Volver a Extremadura” publicado en 2013, en la colección “La Quintana” por José María Peña Vázquez por la Asociación Cultural “Beturia”, la editorial de un grupo de extremeños, cuya sede se encontraba en el Hogar Extremeño de la Gran Vía de Madrid y de la que un servidor es socio desde sus comienzos. El prólogo está a cargo de Luis Garraín Villa cronista oficial de Llerena.

 




            José María nació en 1939 en Llerena; se licenció en Derecho y trabajó en la Administración Civil del Estado como subdirector general en diversos ministerios, jubilándose en 2004. Desde entonces se dedicó a escribir, contando en su actividad más de 700 artículos. Para escribir este libro de viajes quiso hacer el camino por Extremadura que en el siglo XVIII hizo el abate Antonio Ponz, en su libro “Viaje de España” en 17 volúmenes. Antonio Ponz nacido en 1725 en Castellón fue académico de la Historia y secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

            El libro contiene doce capítulos, repasando el viaje de Antonio Ponz por nuestra tierra, comenzando por Guadalupe, siguiendo por las Villuercas y los Ibores y el Campo Arañuelo. El cuarto capitulo está dedicado a Plasencia, la Vera y el Jerte y el quinto a Monfragüe, para seguir por Trujillo a las Vegas Altas. El séptimo va desde Baños de Montemayor por Cáparra a Coria y el octavo hacia Alcántara por Ceclavín; le sigue el dedicado a nuestra comarca de Alcántara a Cáceres por Villa del Rey, Brozas y Arroyo de la Luz, para ir después de Cáceres a Mérida; el 11 de Mérida a Badajoz y concluye el duodécimo de Badajoz a Llerena. Para mí, el libro tiene una gran pega: Las fotos, hechas por el mismo autor, son muy pequeñas y no dan idea de la belleza que muestran. En un libro de viajes, no todo es literatura.

 

            Cuenta Antonio Ponz de esta comarca en su libro de “Viaje de España” lo siguiente: Casi todo el territorio que alcancé a ver desde Alcántara a Villa del Rey es inculto, y aun hasta Brozas, que me figuro será la causa el estar destinado para pastos de ganado merino”.

 

            José María Peña comienza su trabajo, de una manera muy poética, sobre nuestro pueblo hablando de que Brozas es silencio encantado cuando la recorro, primero reconociendo su amplísimo trazado desde el coche, luego a pie cuando el silencio se vuelve espeso con el retumbar de los pasos que espantan el trajín sonoro de los pájaros. El carillón de opereta del Ayuntamiento resulta un guiño de modernidad a los muchos turistas que debiera haber en un lugar como este, pero que no los hay”.

 

            El autor recorre la villa de Las Brozas, describiendo la iglesia de Santa María la Mayor de la Asunción, los Santos Mártires (Fabián y Sebastián), la casa de El Brocense y hasta la churrería del pueblo, que entonces vendía los churros a pesetas, así como “una capilla armada en piedra, pero que un policía municipal de entonces le dijo que no era una iglesia.

 




            Como siempre que he ido a Brozas me gozo con la originalidad del retablo de oscura madera sin dorar, ante el soberbio órgano siempre silencioso para mí y contemplo la meritísima y sencilla portada renacentista de la iglesia mayor de Santa María de la Asunción, grande como una catedral.  Cuenta que un broceño que vive en el País Vasco le dijo que “un cura de Vitoria donde trabajo vino con una excursión de allí y después me dijo que “cuidado que había visto muchas bonitas en su vida, pero ninguna como esta”

 

            También cuenta la lápida del médico benefactor, de los pocos turistas que vienen a Brozas y contempla complacido, con sosegada admiración, las calles y las casas buen ordenadas y conjuntadas de Brozas. Esto fue lo que me animó hace unos 20 años preguntarle e insinuarle en Madrid al entonces consejero de Cultura de la Junta de Extremadura, fallecido recientemente, Paco Muñoz, si la villa de Las Brozas podría ser considerado conjunto histórico artístico, cosa que ya es hoy una realidad.

 

            Y termina el autor del libro citando al periodista y escritor Italo Calvino, cubano de nacimiento e italiano de nacionalidad, cuando escribió: “El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá”.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Las Brozas en 1929

 


Tomás Martín Gil

 

Si hace poco escribía una crónica de la aportación de la villa de Las Brozas en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, hoy vamos a entresacar unos textos de cómo veían el pueblo dos personas en ese año. Uno era el fundador del Ateneo cacereño y secretario de la Coral Cacereña, el escritor José Blázquez Marcos, quien publicó ese año la guía artística “Por la vieja Extremadura, provincia de Cáceres”, ilustrada con 148 fotografías del académico correspondiente de la Historia y fundador de la revista “Alcántara”, el cauriense Tomás Martín Gil. El libro fue impreso en la capital por Tipografía “Extremadura”. A la villa le dedican página y media y tres fotografías. Veámoslo detenidamente. Por aquella época, la villa tenía unos 5.700 habitantes, muchos comparados con los 1.800 que tiene en la fecha de hoy.




 

El autor le dedica una entradilla para reconocer la importancia de la población y después se centra en los personajes ilustres para terminar con una amplia reseña dedicada a la iglesia de Santa María, el mejor templo parroquial de la diócesis de Coria - Cáceres, al que popularmente en Las Brozas le llamamos “La catedralina”.

 

 “Pasadas las cuestas de Araya, pronto nos acercamos a Brozas de cuyo señorío y valía en la historia nos avisan, antes de llegar, la esbelta torre de Santa María y los viejos muros de algunos palacios y caserones. Su nombre se exalta y ennoblece ante el recuerdo de tantos hijos ilustres, caballeros, capitanes, monjes, sabios y artistas: Frey Nicolás de Ovando, el colonizador de la Española; el adelantado del Yucatán, Montejo el Viejo, Carvajales, Argüelles, y por encima de todos, el sabio humanista y maestro de la escuela salmantina Francisco Sánchez “El Brocense”.

Y donde habitó también Elio Antonio de Nebrija con toda su familia.




 

“Y en la villa nos sorprenden y deleitan el recio carácter y sobrio tipo castellano de su Plaza Mayor, el sello solariego y viril de algunas casas antiguas y sobre todo la mole amplia y severa del templo de Santa María.

 

Posteriormente se describe ampliamente la labor del edificio de la iglesia.




 

Es éste un buen ejemplar gótico del siglo XVI, con mezcla ya de elementos de gusto renacentista…En el exterior destaca la portada principal (foto 52 del libro) de labor decorativa bastante profusa, mostrando la puerta entre dos pináculos resaltados góticos y con haces de columnillas, cresterías florenzadas y grumos, archivoltas muy adornadas y con figuras de ángeles en relieve sobre las cuales aparece un ventanal de medio punto…




 

El interior es de una elevación y una amplitud sorprendente; tiene tres naves separadas por esbeltos pilares (foto 53) de los que arrancan los nervios de las bóvedas ojivales que forman estrellas, con sus claves historiadas y ornamentadas.

 

Esta guía hace una amplia descripción de los monumentos de la ciudad de Cáceres, y después hace varios recorridos por la provincia, destacando el de la ruta Arroyo del Puerco, Brozas y Alcántara, además de por Coria, Plasencia, Yuste, Trujillo, Guadalupe para concluir con unas notas finales con las costumbres, fiestas, habla popular y el folklore de la provincia.

viernes, 1 de diciembre de 2023

Brozas en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929

 



 

            Me acaba de llegar a mi ordenador un artículo del que fuera director del Museo de Cáceres, Juan Manuel Valadés Sierra, publicado en 2013 en la revista de Estudios Extremeños y titulado “La aportación cacereña al pabellón de Extremadura de la Exposición Ibero - americana de Sevilla (1929)”.

 

            Cuenta Valadés que fueron las diputaciones provinciales las que aportaron la mayoría de los objetos que se expusieron en esta magna exposición. Hubo un comité que ofreció lo que se iba a mostrar en la Exposición Iberoamericana. El pabellón de Extremadura se encontraría cerca del de Portugal, por su cercanía al país vecino.


 

    De Brozas hubo dos muestras a la cual más interesante. Una fotografía de la fachada de Santa María hecha por Tomás Martín Gil y publicada en un libro de José Blázquez Marcos, titulado “Por la vieja Extremadura. Guía artística de la provincia de Cáceres”, editado en 1929 por “Tipografía Extremadura” y también “La Minerva” de Francisco Sánchez de las Brozas, El Brocense, en su edición de 1587, publicada en Salamanca. Hay que decir, como impartí, hace años, en una conferencia en el patio del convento de Santo Domingo de Villanueva de los Infantes,  que el escritor Francisco de Quevedo fue uno de los discípulos de Francisco Sánchez.

 




            En su trabajo, José Manuel Valadés amplía esta información diciendo que: el reparto de las fotografías refleja el desequilibrio general que aquejaba a todos los contenidos de la Casa de Extremadura; de los más de cuatro centenares de imágenes, tan solo 107 correspondían a lugares de la provincia de Cáceres: seis de Alcántara (cinco de Martín Gil y una de Javier), una de Brozas (de Martín Gil), cuarenta y cinco de Cáceres (todas de Javier), dos de Coria (de Martín Gil), quince de Guadalupe (todas de Martín Gil), dieciséis de Plasencia (de Javier), ocho de Trujillo (de Javier), doce de Valencia de Alcántara (de Carpintero) y dos de Yuste (de Martín Gil), quedándose por tanto fuera de la selección comarcas enteras como la Sierra de Gata o Las Hurdes, y enclaves importantes como Arroyo de la Luz, Garrovillas, Hervás, Montánchez, Serradilla, Jarandilla, etc.

 

            Sin embargo, fue mucho más interesante la aportación bibliográfica de la provincia de Cáceres. Más importante fue la aportación de la Biblioteca de Cáceres; para ello, la Dirección General de Bellas Artes publicó una circular, el 28 de febrero de 1929, dando orden a los directores de las bibliotecas provinciales de que facilitasen los préstamos de obras para la Exposición de Sevilla. De acuerdo con ello, parece que los libros prestados por la Biblioteca cacereña, entonces ubicada en el Instituto de Segunda Enseñanza